In varietate concordia, de Miguel Verdeguer Sagarra

Published: 07 May 2014

Ya han pasado 64 años desde aquel 9 de mayo de 1950 en el que Robert Schuman, Ministro de Asuntos Exteriores Francés, inspirase uno de los proyectos políticos más ambiciosos y apasionantes que se pueda conocer. La Unión Europea. La histórica Declaración Schuman marcó un antes y un después en la historia de la vieja Europa. Un antes, marcado por los conflictos bélicos que llevaron en dos ocasiones al continente a la catástrofe. Catástrofe de la que parecía imposible resurgir. Y un después, marcado por un proyecto común basado en la solidaridad entre países vecinos. Solidaridad que se escribe sobre fondo azul y doce estrellas doradas.

 "Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho." (Robert Schuman)

Lo que en aquel entonces podía parecer una utopía hoy en día es una realidad. Una realidad social, cultural, política y económica que cruza la geografía europea, desde Malta hasta Finlandia, desde Francia hasta la recién incorporada Croacia. Una realidad merecedora de un Premio Nobel de la Paz, un reconocimiento a quién tuvo una idea de unión, un reconocimiento a quienes desarrollaron esa idea y un reconocimiento a quienes hicieron de la idea la realidad de la que hoy en día hablamos.

Como si de una familia se tratara, el número de miembros en la Unión Europea ha ido creciendo. Reflejo de su éxito son pues las sucesivas adhesiones de nuevos Estados, pasando de una Unión de seis a una Unión de veintiocho. Esta es quizá la mayor garantía de éxito de este fascinante proyecto, de lo contrario, no se explicaría como funciona una Unión Europea cercana a la treintena de Estados miembros. Esto se debe a que una Europa unida es sinónimo de una Europa más fuerte. Todo ello es posible gracias a la defensa conjunta de una serie de valores y principios comunes que delimitan el marco de los derechos fundamentales en la Unión Europea, y en el que los diferentes Estados miembros se mueven conjuntamente, éstos son: dignidad, libertad, igualdad, solidaridad, justicia y ciudadanía europea. La actuación fuera del mismo no tiene cabida.

La Unión Europea se configura así como la mejor manera de hacer frente a un mundo que tiende a globalizarse. Problemas globales exigen respuestas globales, y es que las soluciones a nivel supranacional prueban, en numerosas ocasiones, ser mucho más eficientes que las soluciones adoptadas a nivel nacional.  De igual modo, las decisiones de Bruselas quedan relegadas a un segundo plano cuando las autoridades nacionales son capaces de dar mejor respuesta a los problemas que se presentan. Esta idea, conocida como “principio de subsidiariedad”, ha permitido integrar desde bien temprano las diferentes corrientes de pensamiento europeas, entre aquellas que consideran suficiente una mera cooperación entre los gobiernos de los Estados miembros, corriente unionista, y aquellas que estiman oportuno la creación de instituciones supranacionales a las que ceder el ejercicio de determinadas competencias, corriente federalista. Así pues a través del respeto mutuo hemos compatibilizado la creación de instituciones europeas comunes con la salvaguardia de las decisiones emanadas de las autoridades nacionales. Es por tanto el respeto mutuo, entre la Unión y sus Estados miembros, así como entre los propios Estados, lo que permite que funcione el engranaje de la maquinaria europea. La Unión no viene a sustituir al Estado, de igual modo que la ciudadanía europea no viene a sustituir a la nacionalidad, sino que coexiste indisolublemente con ella. Es ciudadano de la Unión quien es nacional de un Estado miembro, por tanto, no son categorías jurídicas excluyentes como algún escéptico pueda pensar, sino compatibles. Este ejercicio de respeto mutuo nos enriquece, nos hace más Europa, nos permite mirar al futuro y defender nuestros intereses comunes. Veintiocho banderas y veintiocho himnos, pero con una misma voz.  In varietate concordia, eso dice el lema que abandera la Unión Europea,  y eso es lo que quiso transmitir Schuman el 9 de mayo de 1950 en su Declaración, si hay una solidaridad de hecho no cometeremos los errores del pasado, si hay respeto mutuo la convivencia del pueblo europeo queda garantizada, si permanecemos unidos en la diversidad escribiremos juntos nuestro futuro.

Feliz día de Europa,

Miguel Verdeguer Segarra

 

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