Teníamos un problema, y lo seguimos teniendo (todavía), por Susana del Río Villar

Published: 25 May 2015

Los que me conocen saben que titular así un artículo me cuesta bastante porque soy una persona positiva que intenta siempre mirar hacia delante. Por esta razón, incluyo la palabra: todavía. Desde luego, soy una europeísta convencida, valoro firmemente el proyecto de integración europea y la buena política. Pero hoy, no voy a referirme en primer lugar a la dimensión europea sino a la nacional y, en concreto, a las elecciones de ayer.

Llevo todo el día pensando en que es muy necesario conseguir una “Política ordenada” y que, para llegar a esta política coherente que haga posible avanzar, hay que volver a los valores y a la realidad de lo que se puede llevar a la práctica y saberlo diferenciar de aquellas políticas que difícilmente pueden conseguirse sin mirar de manera realista a lo que tenemos y de dónde partimos. Volver a la política real y necesaria. “Para ir a Marte, hay que volver a la Luna”, así lo afirma James Oliver en una entrevista que leí ayer. Oliver fue el comandante de la misión Apolo 13, la persona que, en un momento de la misión, llamó a la Tierra desde la nave diciendo: “Houston, tenemos un problema”.

Es cierto que, debido fundamentalmente a los casos de corrupción y a la crisis económica, los ciudadanos comenzaron hace tiempo a alejarse de la política y, de manera más concreta, de los políticos. Siempre he defendido que hay políticos trabajadores y éticos aunque en los últimos años, la corrupción ha hecho que se haya eclipsado el trabajo de los que hacen las cosas bien. Por estas razones, teníamos un problema, un problema de credibilidad en la política, de confianza de los ciudadanos en el sistema y de necesidad de recuperar una democracia de calidad. Por estos motivos, comenzaron a emerger ciudadanos-políticos y algunos movimientos que, en ocasiones, desordenaron el panorama conocido del bipartidismo y de los debates formulados de la manera tradicional. Sobre los ciudadanos- políticos y los políticos-ciudadanos, ya he escrito en otro artículo, vuelvo a recordar que los políticos también son ciudadanos. Aunque teníamos un problema y a algunos les ha podido parecer que la solución ha llegado ayer tras las elecciones, creo que hay dos observaciones que es necesario resaltar. La primera es que es bueno el aire fresco, el debate, la emergencia en la arena política de nuevos partidos que revitalicen el sistema y que, además, obliguen a los partidos tradicionales, y a los políticos miembros de estos partidos, a reflexionar, replantearse su actividad y su modo de funcionar. La segunda observación es que no es conveniente casi nunca pasar de un extremo a otro y que las construcciones políticas deben realizarse desde la mesura, la coherencia y la negociación pausada y sin descalificaciones.

Tras ver los resultados de ayer en las elecciones, considero que teníamos un problema y que lo seguimos teniendo. Como he escrito al principio, incluyo en el título “todavía” porque contemplo siempre la posibilidad de seguir avanzando de la sociedad. Lo vuelvo a afirmar. Pero, en mi opinión, para que no sigamos teniendo un problema, son importantes primero los diálogos constructivos entre partidos de génesis e ideologías diferentes; los pactos; que no haya enfrentamientos y provocaciones tan continuas entre los partidos y los medios afines a cada grupo político; que las personas que estudiamos y analizamos la política seamos capaces de observar con neutralidad académica el nuevo mapa político y que los ciudadanos sean también responsables y se posicionen de manera justa y ética.

Sobre los pactos, vuelvo a recordar que la política nacional tiene mucho que aprender de cómo se llevan a cabo en la dimensión europea y de qué manera en el Parlamento Europeo se alcanzan acuerdos trascendiendo muchas veces las posiciones de cada Estado miembro y las consignas de cada grupo parlamentario.

Después de ver los resultados de las elecciones de ayer, una de las reflexiones a las que he llegado es que, en general, la política la hace cada político y que el ciudadano de a pie tiene una visión general de los programas que le presentan pero que mira con lupa, recuerdo la niña de la lupa, a cada candidato, a cada político, porque sabe que le representa. En este punto, creo que, para que un ciudadano consiga hacer corresponder su voto con su manera de ser y con la forma en la que quiere que “le gobiernen”, tiene que ser capaz de unir y de sincronizar partidos y políticos y de ver a cada político en su partido pero con su propia capacidad y personalidad. También considero que tengo que plasmar en este artículo que es clave coger bien fuerte una brújula que nos oriente a todos y que, sobre todo, marque el rumbo a los partidos, y a sus políticos, en los nuevos pactos tan necesarios de promover.

Es muy importante conseguir una política ordenada volviendo a recomponer partes de la gran política con lo que hemos aprendido y con los nuevos partidos de un nuevo tiempo. Volver a la política, y ordenarla, porque “Para ir a Marte, hay que volver a la Luna”.

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